Mitología olmeca

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La cultura olmeca fue una de las más importantes que se desarrollaron no sólo en Mesoamérica sino en todo el continente americano. Su cronología se registra entre los años 1.150 a. C. y 400 a. C., durante el Preclásico Medio, y aunque se han encontrado restos arqueológicos olmecas en otras zonas de la geografía mesoamericana, su área nuclear o zona metropolitana es más limitada dentro de la subárea llamada Costa del Golfo. El etnómino olmeca tiene su origen en la lengua náhuatl, significa "habitantes del país del hule", es decir habitantes de Olmán o de la tierra del hule; con este nombre es como se les conocía a los habitantes de la región en el Posclásico. Olmeca uixtotin es el término con el que los conocemos y que significa "gente del país del hule" o "los que viven al borde del agua salada", y fue utilizado por los mexicas para nombrar a varios pueblos de diferente afiliación étnica que habitaron la región de Veracruz y Tabasco. Es fácil de entender si descubrimos que en estas zonas se extraían el látex de los árboles "castilla elástica", un tipo de caucho. Se desconoce cuál es la ascendencia étnica de este pueblo y aunque existen varias hipótesis al respecto no se ha aclarado a ciencia cierta cuál es su afiliación.

Son muchos los historiadores que reconocen a la cultura olmeca como la madre de las culturas o civilizaciones mesoamericanas, como Alfonso Caso, quien la denominó la "Cultura Madre". Sin embargo, no están claros los cauces, el origen del proceso que desembocó en el estilo artístico que los caracteriza y los define con esta sociedad, ni siquiera hasta qué punto todos los rasgos culturales encontrados en las zonas arqueológicas pertenecen o son creación de los olmecas. Sí se conoce que algunos de estos rasgos tienen de procedencia un lugar determinado y que primero pudieron haber aparecido en Chiapas o en los Valles Centrales de Oaxaca. Así mismo quedan los interrogantes pendientes de aclaración en los numerosos sitios asociados a los olmecas en la Depresión del Balsas, en el centro del estado de Guerrero. De todas maneras, independientemente de cuál haya sido el origen de esta cultura mesoamericana, lo cierto es que la red de intercambios comerciales entre distintas zonas de la superárea contribuyó a la difusión de muchos elementos culturales que se identifican con esta cultura.

Zona Geografía

Sobre la localización geográfica olmeca, la arqueología nos muestra una zona de unos 12.000 Km. cuadrados de extensión. Su zona metropolitana queda marcada al sur de Veracruz en Tres Zapotes, Cerro de las Mesas, San Lorenzo-Tenochtitlan y al norte de Tabasco en La Venta. Los olmecas tenían como límite de su área nuclear: al norte el Golfo de México; las primeras estribaciones de las sierras al sur; al oeste el río Papaloapan y al poniente la cuenca Blasillo-Tonalá. La región se caracteriza por su alto índice de humedad y por sus lagos, ríos y pantanos. Su clima es tropical y de torrenciales lluvias, lo que provoca que sus tierras sean regadas, e inundadas en épocas de lluvia, por caudalosos ríos que bajan de las estribaciones de la Sierra Madre de Oaxaca y la Sierra Madre Oriental, como el Coatzacoalcos, San Juan y Tonalá. Se sabe que en épocas precolombinas esta región estuvo recubierta por una espesa selva tropical que ha sido modificada ampliamente por la acción del hombre en la actualidad.

El área selvática donde vivían los olmecas era a su vez el hábitat de numerosas especies de animales que actualmente están en peligro de extinción en el territorio mexicano, entre ellas el jaguar, aves de hermosos plumajes como el quetzal y la guacamaya; reptiles de diversas especies y mamíferos como el jabalí y el tapir. Sus suelos son ricos en humus y en petróleo, que brota casi a flor de suelo. Sin embargo, cuesta creer que otros materiales que fueron imprescindibles para realización de objetos característicos de la cultura olmeca no se encuentren en la región. Es el caso de la obsidiana, el jade, la serpentina y el cinabrio, que tuvieron que traerlos de otras partes de Mesoamérica. Hay que hacer un esfuerzo de imaginación para comprender el nivel organizativo que tenían para trasladar, sin animales de carga y sobre un suelo cenagoso, los enormes monolitos que pesaban decenas de toneladas. Más si nos paramos a pensar que la piedra sólida, el basalto y otras rocas volcánicas, la obtenían de las canteras de la Sierra de los Tuxtlas, conocida también como Sierra de Santa Martha o San Andrés, a más de 100 Km. de distancia de los centros políticos como San Lorenzo y La venta. Esta ausencia petrea en el suelo del área nuclear olmeca determinó que se desarrollara poco la arquitectura, es la razón por la que hoy lo que nos queda son terrazas y túmulos de los edificios olmecas, que construyeron con ladrillos, lajas y tierra apisonada.

Ubicación cronológica

Sobre los olmecas son muchos los puntos oscuros que quedan por aclarar, problemas por resolver que se presentan a la hora del estudio, entre estos interrogantes están el establecimiento de su cronología en la zona. Esto se debe a que, aunque se sabe que los olmecas ocuparon la región a partir del 1.500 a. C., las cronologías que se utilizan en distintos puntos o lugares de ocupación presentan grandes discrepancias entre sí. En los apartados de la cerámica y la construcción, los estudios que se llevaron a cabo en diferentes sitios dan como resultado diferentes secuencias de ocupación, como es el caso de San Lorenzo. Aún así, la presencia humana en la región olmeca queda refrendada por la existencia de pruebas en la ribera del río Bari, eran grupos que se dedicaban a la caza, la recolección y la pesca, y su cerámica corresponde al periodo 1.700-1.400 a. C. Es muy probable que fueran grupos que provenían del Istmo de Tehuantepec y los mismos que construyeron el centro ceremonial de San Lorenzo, 1.500-1.150 a. C. La civilización olmeca duró cerca de siete siglos y medio, ese fue al menos el tiempo de máximo esplendor. Durante este tiempo se construyeron la mayoría de las colosales cabezas pétreas y sus centros ceremoniales más importantes, tuvo una amplia expansión por el territorio y una importantísima influencia en otras regiones y culturas de Mesoamérica.

Periodos históricos

El desarrollo histórico de los olmecas se divide en tres periodos, entre las culturas de sus tres centros ceremoniales más importantes, la cultura de San Lorenzo Tenochtitlán, la de La Venta y la de Tres Zapotes. Además de estos tres lugares, la cultura olmeca también se manifestó en otros sitios como Laguna de los Cerros. Los historiadores sitúan los indicios más antiguos de esta cultura madre mesoamericana alrededor del 1.200 a. C., y los más recientes se estiman cercanos al año 500 a. C.

San Lorenzo Tenochotitlán

El de San Lorenzo es el más antiguo de los tres mencionados anteriormente, situado en la cuenca del río Coatzacoalcos, en el estado de Veracruz. Es en este centro ceremonial donde los especialistas sitúan el nacimiento de la cultura olmeca, el punto de referencia del florecimiento cultural. La datación arqueológica coloca cronológicamente la creación de este lugar alrededor del año 1.150 a. C. y su decadencia allá por el 900 a. C. Al inicio de esta época es en la que se datan la mayor parte de las esculturas y elementos arquitectónicos que caracterizan a la cultura olmeca, muchos de los cuales aún se conservan en este lugar. Sin embargo, en el año en que se fija su decadencia, el 900 a. C., el centro ceremonial fue saqueado y muchas de sus esculturas sufrieron un intento de destrucción, otras en cambio fueron trasladadas a La Venta. El fin de San Lorenzo se podría explicar o entender como el resultado de una rebelión interna o quizás de una invasión exterior

La Venta

El centro ceremonial La Venta es el sitio olmeca más importante, a la vez que el más grande en esta cultura. Su localización se sitúa en el municipio de Huimanguillo, en el estado de Tabasco, ubicado en un islote rodeado por ríos y zonas pantanosas y trazado sobre un eje Norte-Sur. El movimiento migratorio que se creó hacia La Venta tras el saqueo de San Lorenzo fue tan importante a nivel ambiental que incluso pudo cambiar el curso de algunos ríos importantes. Este centro ceremonial cogió el testigo cultural de la civilización olmeca hasta el año 400 a. C., en el que se marca su fin. Entre los restos arqueológicos de La Venta se han encontrado un gran número de tumbas con ricos ajuares, con cerámicas y figurillas de piedra, también se hallaron tronos y cabezas colosales de piedra, además de la Gran pirámide y otros monumentos ceremoniales. Se cree que en su época de mayor esplendor La Venta pudo llegar a albergar a una población cercana a los 18.000 habitantes.

Tres Zapotes

El centro ceremonial Tres Zapotes es el más conocido, quizás porque fue el último en desarrollarse y el más cercano en el tiempo, sobreviviendo hasta una época más cercana, aunque la cultura que se generó en este sitio fue la de una civilización decadente, sin el brillo y esplendor que tuvo en los otros centros anteriores. Su situación se ubica en el extremo oeste de la zona olmeca, en el municipio de Santiago Tuxtla, entre la sierra de los Tuxtlas y la cuenca baja del río Papaloapan, en el estado de Veracruz. La ocupación de esta tercera capital principal de la civilización olmeca se desarrolló al mismo tiempo que en La Venta, aunque la olmeca es sólo una parte de la ocupación del lugar. Tras este periodo continuó la historia a través de la cultura Epi-olmeca (Post-olmeca) y de la cultura Clásica de Veracruz. Sus edificaciones de tierra y adobe en forma de montículos con templos en la parte superior los sitúan como percusores de las pirámides mesoamericanas, al igual que sus construcciones en torno a patios centrales, característicos de las civilizaciones posteriores de la súper-área. Las pruebas existentes en algunas de las cabezas olmecas como signos de intento de destrucción, son evidencias claras que también en esta época se dieron bruscos cambios políticos.

Descubrimiento e investigaciones

La primera prueba en descubrirse sobre la cultura olmeca ocurrió a mediados del siglo XIX, fue el viajero mexicano José María Melgar y Serrano quien en el año 1.862 encontró fortuitamente el primer monumento de esta civilización, una cabeza colosal, en Hueyapan de Mimendi, Santiago Tuxtla, Veracruz. Luego tuvieron que pasar otros 58 años, en 1.920, hasta que el profesor Frans Blom de la universidad de Tulane descubriera el sitio arqueológico de La Venta y presentara el segundo indicio de la existencia de esta cultura, aunque en un principio las ruinas se las asignó a los mayas. Casi dos décadas más tarde fue el arqueólogo norteamericano Matthew Stirling del instituto Smithsoniano de Washington quien comienza a detallar las excavaciones de algunos sitios relacionados con la cultura olmeca en la costa del Golfo, como La Venta, Tres Zapotes y San Lorenzo. En la década de los cuarenta se afirma lo que Miguel Covarrubias y Alfonso Cano dieron a llamar la "cultura madre" de Mesoamérica y a partir de 1950 fue la prueba de el Carbono 14 la que se encargó de confirmar su antigüedad.

La cultura olmeca es originaria de la costa del Golfo, es la estimación de la mayoría de especialistas, entre ellos Michael D. Coe y Richard Diehl, sin embargo, para otros como Christine Niederberger o Caterina Magni, pertenecientes a la escuela francesa, esta cultura es el resultado de un conjunto multiétnico y plurilingüístico que se extendió durante 1.200 hasta 500 a. C. por la mayor parte de Mesoamérica. Aunque la presencia y desarrollo olmeca se certifica en México, principalmente entre los ríos Papaloapan y Grijalva, y lugares como Chalcatzingo en el estado de Morelos o Teopantecuanitlán en el estado de Guerrero, para dar fuerza a la teoría de la escuela francesa también existen y se encuentran vestigios olmecas más allá de las fronteras mexicanas, como en Guatemala (Takalik Abaj), Belice, El Salvador, Honduras, Nicaragua y Costa Rica.

Orden político y social

Probablemente, una motivación religiosa fue lo que sentó las bases para la constitución de la estructura política de los olmecas. Otra vez más hago hincapié en la suposición para hacernos una idea de cómo estaba organizada la sociedad de por aquel entonces, nada se sabe con certeza puesto que no existen documentos que así lo confirmen, por lo que sobre estos temas siempre se anda entre los supuestos que los estudios de los especialistas sacan como resultado. Sobre estos estudios también se concluye que la sociedad olmeca estaba gobernada por shamanes o jefes religiosos, que constituían una especie de aristocracia intelectual en la que recaía todo el poder. "Una teocracia con aspectos marginales, mercantiles y guerreros: tal podría ser la definición de la ciudad olmeca" (Jacques Soustelle, Los olmecas, Juan José Utrilla).

La sociedad se imagina claramente jerarquizada y estratificada, por la formación de clases que propició el control de las fuerzas productivas del grupo y su canalización a otras actividades. La sugerencia que nos ofrecen sus monumentos, cerámicas y otros vestigios en los que quedaron plasmadas costumbres, escenas de los diversos aspectos de la vida cotidiana, es que existían dos clases bien diferenciadas. El grupo más poderoso y que vivía en los centros ceremoniales se distinguía por su lujo en el vestir, que además del algodón utilizaban la fibra de amate para elaborar sus prendas y usaban sandalias de hule. El otro grupo, posiblemente también estratificado, aglutinaba a los especialistas dedicados a distintas actividades, como la construcción, talla de piedra, la escultura, el comercio y otros.

El estudio de la escultura también nos revela que igualmente pudieron existir al menos dos tipos de físicos diferenciados y que posiblemente correspondan a la vez a dos clases sociales. Por un lado el campesino y más antiguo poblador, y los guerreros, representados con facciones bien definidas, nariz ancha y labios gruesos, a los que muchos especialistas comparan con una raza humana en concreto, ciertos negros de Oceanía. Por otro lado y de igual modo, los escultores dejaron plasmados otros rasgos diferentes en las piezas escultóricas, otro tipo de físico que muestra una nariz aguileña y labios más delgados; a este grupo se le considera de distinta procedencia y llegado más tarde a la región, convirtiéndose en el grupo aristocrático que dominó durante el periodo Preclásico Medio. Una prueba evidente que nos lleva a tal conclusión es la que se encuentra en la Estela del hombre barbado, la que refleja la imagen de un hombre posiblemente extranjero y de rasgos anteriormente mencionados, cara angulosa y nariz aguileña.

Las figurillas olmecas son otro reflejo o muestra de los aspectos sociales de los aldeanos, a través de las cuales también se llegan a conclusiones muy reveladoras. La notable calidad escultórica de estas figurillas, moldeadas en barro blanco o crema muy fina, muestran otros aspectos de sus costumbres, como la utilización de la pintura facial y corporal realizada con pintaderas o sellos de barro; la deformación craneal de tipo tubular erecta; la mutilación dentaria y la escarificación. Además del uso de bragueros o taparrabos, faldillas, turbantes, capas cortas, vendas faciales, camisas, sacos, tocados en la cabeza, máscaras, pelucas, sandalias y otro tipo de prendas. Entre sus adornos destacan las orejeras circulares, collares de cuentas, pequeños espejos de hematita o pendientes.

La representación de las figurillas olmecas también muestran las distintas actividades a las que se dedicaban, individuos realizando hechicerías vestidos con pelucas, máscaras y portando sonajas u otros objetos; jugadores de pelota con rodilleras y una mano forrada para pegar al esférico; músicos con pequeños tambores entre las piernas; jorobados, bufones enanos, acróbatas, cargadores y hasta seres enfermos. Las piezas de barro también representan otras escenas costumbristas como mujeres cargando a sus hijos, niños atados en cunas portátiles, mujeres embarazadas o bailarinas.

Organización económica

La agricultura fue una actividad generalizada y muy común entre los olmecas, quizás la fuente económica más importante. Seguramente sus cultivos estaban relacionados con el maíz, el frijol y la calabaza, la trinidad o tríada agrícola principal en el sustento de los grupos mesoamericanos, sin olvidarnos del cacao. La caza mayor les proporcionaba piezas de distintas especies como el jaguar, el ocelote, puma, margay, tapir, jabalí de collar, venado cola blanca y temazate o venado rojo; entre la caza menor estaban el conejo, pavo, distintas especies de perdices, patos, codornices y algunas aves más. Así mismo la pesca significaba un aporte importante en su alimentación y entre sus capturas se hallaban el róbalo, mojarra o bagre, además del pejelagarto, especie muy famosa que pescaba en el río Grijalva.

La importancia del comercio en la civilización olmeca fue del calibre similar al que se estima en periodos posteriores en otros lugares de Mesoamérica. Los intercambios comerciales se realizaban en espacios abiertos, habilitados alrededor de sus centros cívicos y religiosos.

Entre las actividades artesanales se supone que la producción de objetos lapidarios fue una de las más importantes, tanto es así que probablemente se comercializaron y exportaron a otras regiones mesoamericanas. La probabilidad de la intensidad en el comercio con otras regiones alejadas es alta. La falta de piedras y otras materias primas en la región los llevarían posiblemente hasta regiones remotas a realizar intercambios con otros pueblos, el ejemplo está en que la presencia de la cultura olmeca se ha encontrado en otros puntos geográficos muy alejados de su zona nuclear.

La domesticación del perro y el guajalote y la práctica de la apicultura también entran entre los logros o actividades que se les atribuyen. Así mismo como el consumo de una sustancia alucinógena, en sus rituales religiosos, que extraían de un sapo marino abundante en el Golfo.

La parte negativa en este apartado posiblemente sea el importante tributo a pagar para el sostenimiento de sus centros ceremoniales, las obligaciones impuestas a las aldeas de campesinos que rodeaban a estos centros religiosos por la clase gobernante debieron de ser duras. Los campesinos eran forzados a pagar no sólo una parte importante de sus producciones agrícolas, también sus aportaciones físicas, con el trabajo para realizar los templos y las viviendas del grupo dominante, así como su mantenimiento. Es fácil de imaginar que esta pudiera ser una de las causas o razones por lo que fueron saqueados, y el intento de destrucción que se evidencia en algunas de sus colosales cabezas de piedra, los centros ceremoniales de San Lorenzo y La Venta.

Otros aspectos

Muchos de los logros culturales de los pueblos mesoamericanos se les atribuyen a los olmecas, fue la primera civilización de la superárea y por lo tanto la que marcó el camino en creaciones y tradiciones, además de resultar especialmente fértil en este aspecto. Entre otros, a este pueblo se le acredita el calendario, la escritura, la epigrafía, el juego de pelota, los sacrificios humanos o la invención del cero. Así mismo, su organización social y política, basada en ciudades-estado fuertemente jerarquizadas, fue la referencia para las culturas posteriores que florecieron en la región mesoamericana y centroamericana. De igual modo y en el apartado religioso, historiadores como Miguel Covarrubias opinan que los olmecas fueron los precursores o creadores de muchas de las divinidades o dioses mesoamericanos que surgieron posteriormente.

Escritura

Hasta no hace mucho tiempo la creencia generalizada estaba en que fueron los zapotecos los que atesoraban más antigüedad respecto a la escritura, pero el descubrimiento de dos jeroglíficos, uno en el 2.002 y otro en el 2.007, que datan del 650 a.C. y 900 a.C., otorgan el reconocimiento a los olmecas de ser los primeros en desarrollar la escritura en el hemisferio occidental. El primero de estos dos descubrimientos se produjo en el sitio arqueológico de San Andrés de Tabasco y muestra un ave, son glifos similares a los jeroglíficos mayas posteriores. El segundo descubrimiento o hallazgo es conocido como el Bloque de Cascajal, cercano al centro ceremonial de San Lorenzo, y muestra un conjunto de 62 símbolos, 28 de los cuales son únicos, grabados en un bloque de serpentina. Aunque la mayoría de los arqueólogos certifican su pertenencia olmeca, también los hay escépticos por la singularidad de esta piedra que se aparta del contexto por no reunir semejanza alguna con cualquier otro sistema de escritura mesoamericana. También cabe destacar la existencia de otros glifos más tardíos de procedencia olmeca, conocidos como glifos epi-olmecas, sin embargo, algunos arqueólogos creen que esta escritura es de tránsito, entre la escritura más antigua olmeca y la escritura maya.

Lengua

En el apartado lingüístico el panorama aún está confuso. La inexistencia de testimonio que certifique por dónde se puede deducir el idioma que hablaban nos deja inmersos en la inseguridad, no obstante, según algunas opiniones su grupo lingüístico es el mixe-zoque, relacionado con las lenguas mayas. Históricamente, la familia mixe-zoqueana tuvo su mayor difusión alcanzando la costa del Pacífico guatemalteco. Por estas creencias se desarrollan las estimaciones de especialistas como Terrence Kaufman y Lyle Campbell, que argumentan que es muy probable que los olmecas fueron hablantes de alguna lengua mixe-zoque. Por otro lado, también Kaufman y John Justeson, han asegurado en los últimos tiempos que completaron el deciframiento de la escritura epi-olmeca, la que se cree corresponde a alguna lengua mixe-zoqueana.

Por contra, también encontramos discrepancias por las posturas reseñadas anteriormente. Son los casos de Michael Coe y David Stuart, quienes señalan que no son suficientes las pruebas que dicen referentes a la escritura epi-olmeca, que han empleado las claves propuestas por Kaufman y Justeson para leer otros materiales. Wichmann también critica algunos de los supuestos préstamos lingüísticos mixe-zoqueanos en el ámbito mesoamericano. Señala que las palabras pueden ser zoques pero no mixes, que sería imposible que los olmecas fuesen hablantes de protomixe-zoque, puesto que en el tiempo de mayor esplendor de la cultura madre (1.500-100 a.C.), las lenguas mixe y zoque formaban una unidad.

Religión

La religiosidad de los olmecas se basaba en el politeísmo, sus creencias se repartían en un gran número de dioses relacionados con la agricultura y otros elementos naturales como el agua, el sol, los volcanes, etc. También el mundo animal estaba representado entre sus iconos de culto, especialmente el jaguar, con el que estaban realmente obsesionados, a tenor de su representación en la iconografía olmeca, rara vez expresado en su aspecto real, pero sugerido en la máscara o en rasgos felinos parciales del rostro humano. El jaguar, considerado el centro de su religión, era representado con la característica boca olmeca, de forma trapezoidal, con las comisuras hacia abajo y el labio superior muy engrosado. En casi todas las representaciones se muestra de la misma manera, con pronunciados colmillos, adornos supraciliares y el cráneo hendido. No se tiene conocimiento del tipo de dios que pudo ser, aunque las estimaciones se vuelcan en la posibilidad de que sea al dios de la lluvia a quien representa. Esta posibilidad es la que señala Miguel Covarrubias, quien asegura que jugó un papel fundamental en las creencias religiosas de los olmecas y que su simbolismo pasó posteriormente a las grandes civilizaciones clásicas convertido en la máscara del dios de la lluvia.

Además del jaguar existen otros animales considerados dioses, como son el caso del caimán, los sapos o los reptiles, todos ellos animales de la zona. También en estos casos sus representaciones aparecen mezclados entre ellos, cuerpos de unos y cabezas de otros, lo que les da una imagen mitológica. Otras representaciones religiosas tienen formas tan abstractas que difícilmente se consigue relacionar con seres vivos, mucho menos su significado. La complejidad de la religión de la cultura madre mesoamericana no ha permitido que se pueda descifrar aún. De todas maneras, la creencia mayoritaria de los historiadores es que pudo tener toda una doctrina aceptada por el pueblo, para explicar y legitimar las desigualdades sociales y los linajes gobernantes, estableciendo vínculos entre las clases dominantes y las fuerzas sobrenaturales. Probablemente la religión estaría institucionalizada con un cuerpo doctrinal y su panteón, permitiendo de esta manera que los gobernantes utilizaran un símbolo de figura de animal para identificarse.

Arte

Las principales formas artísticas olmecas fueron creadas en piedra y a pesar de los siglos y los vaivenes de la historia aún sobreviven, son las monumentales obras líticas y otras de menor tamaño realizadas en piedras preciosas, así como las representaciones en cerámica. En cuanto a la pintura es muy poco lo que se conoce hasta ahora y referente a su arquitectura no fue de lo más representativo, su desarrollo fue menor debido a la falta de piedra en la zona. El arte olmeca es altamente estilizado y su iconografía representa una influencia meramente religiosa, aunque hay que destacar que muchas de las obras de arte recuperadas nos sorprenden por el concepto naturalista y la relativa precisión de la anatomía humana que exhiben. Muchos críticos le otorgan una calidad sólo apenas igualada en Mesoamérica por la cultura maya. "El concepto de "lo olmeca" surgió con el descubrimiento y la comparación de las esculturas monumentales y de pequeño tamaño en las que se notó la presencia de rasgos semejantes, en algunos casos idénticos y que no correspondían a las culturas del México antiguo entonces conocidas. Este estilo artístico, sorprendente y novedoso, fue el indicador de la existencia de las primeras y firmes huellas de la civilización en Mesoamérica" (Beatriz de la Fuente, El orden y la naturaleza del arte olmeca).

Las características y rasgos convencionales del arte olmeca es fácil de reconocer por su originalidad. Sus representaciones artísticas no se limitan a los temas relacionados con el género humano, así mismo los artesanos ceramistas creaban otras formas que representaban a los animales que compartían su entorno, algunos ejemplos son las vasijas de cerámica en forma de pez o ave.

Cerámica

Las características originales del arte olmeca también se hacen visibles en el estilo peculiar de cerámica que desarrollaron. El barro fue el material más utilizado por los artesanos para la elaboración de sus piezas de formas sencillas, como escudillas, marmitas, cuencos cilíndricos suavemente ensanchados y vasos, usualmente sin pie. La generalmente monocromía de sus objetos pasan por el marrón, pardo, blanco, negro y anaranjado.

Las vasijas son las piezas más abundantes de cuanto se ha recuperado, blanco-rosáceo, blanco-pulido, café-negrusco, rojo pintado y otros colores son los que reflejan sus platos y vasos, ollas y otro tipo de recipientes. La variedad de sus decoraciones pasaban por el estampado de mecedora, el punzonado, el excavado y la escisión, cuadriculado por incisión, el asa en forma de estribo, decoración de uña. Generalmente llevaban una decoración incisa y sus motivos podían estar colocados en paneles.

Pero no todas sus formas ceramistas eran vasijas, También fabricaban en barro figurillas en posición sedente, sentados, conocidas como baby face o cara de niño. Los rasgos de estas figurillas son infantiles o felinos, con ojos oblicuos y boca trapezoidal con el labio superior levantado, cuerpo bajo y obeso.

Pintura

La pintura no es de las manifestaciones artísticas más representativas de los olmecas, existen pocos ejemplos donde poder recrearnos, de hecho no se han encontrado restos pictóricos dentro de la zona nuclear. Lo catalogado como pintura olmeca se halló en otras áreas de fuerte influencia, varias pinturas murales de cierta importancia. En las paredes de dos cavernas de Juxtlahuaca, en el estado de Guerrero, pueden contemplarse pinturas policromadas fuertemente influenciadas por esta cultura madre mesoamericana. Estos murales muestran a un hombre sobre una figura sentada con la actitud del jaguar, y otros seres mitológicos como serpientes emplumadas y cabezas de jaguar, y la representación de un edificio. Sus colores son: rojo, negro y ocre.

Así mismo, en otra zona del estado de Guerrero, también en cuevas, en Oxtotitlan, se descubrieron dos pinturas murales relacionadas con esta cultura. Una de ellas muestra la imagen de un hombre sentado frente a un estrado en forma de cabeza de jaguar; en la otra se pueden ver una cara de niño y serpientes emplumadas. En ambos casos se deduce una relación directa o muy similar al estilo y formas de La Venta. Sus pigmentos son naturales sobre una base oleaginosa.

Escultura

La esencia del arte olmeca la podemos encontrar principalmente en la escultura y en el cincelado de piedras, los dos campos artísticos en los que destacaron por encima de otros. El modelado tridimensional y los relieves son las expresiones más importantes en la cultura olmeca. Sus esculpidas figuras presentan curvas y detalles anatómicos suaves en planos lisos, donde elementos como la vestimenta se muestran delineados nítidamente en basalto, jade, jadeíta, serpentina y otras piedras.

La gran expresividad que muestran las piezas escultóricas olmecas deja ver la virtuosidad de sus maestros, que mediante las técnicas empleadas consiguieron un resultado insuperable en Mesoamérica. De todos los motivos representados hay un elemento dominante que se identifica en muchos de los estudios iconográficos, la figura del jaguar o "ser-jaguar" y que en ocasiones se representan de diferentas maneras. A veces estos rasgos aparecen como monstruosos y otras, por el contrario, se muestran humanizados en distintas etapas o edades, unas como adulto y otras con rasgos infantiles. Son muchos los historiadores que vuelcan sus cauces de investigación en estas representaciones felinas y en otras llamadas de "dragón", cuando se trata de establecer la existencia de distintas deidades relacionadas con las clases gobernantes.

Lo más llamativo de la escultura y el modelaje olmeca es la madurez con la que se exhiben. Según Jacques Soustelle: "La seguridad del trazo, la ausencia de toda vacilación, de desviación o de ranura son testimonio de una maestría absoluta, así como la perfección de los espejos de hematita". La perfección y delicadeza de los acabados se encuentran tanto en enormes monolitos de varias toneladas de peso como en pequeñas y sencillas piezas o figurillas de cerámica."

La simbología escultórica olmeca la podemos catalogar en diferentes grupos, que van relacionados en sí con un tema en concreto. Estos iconos se representaron en relieves y esculturas de bulto principalmente en jade, basalto y serpentina.

De toda la cultura olmeca, lo más representativo o más conocido son sin duda sus monumentales cabezas esculpidas en piedra. Estas enormes piezas escultóricas constituyen uno de los grupos. Su majestuosa elaboración las hace únicas y su significado escultórico no tiene semejanza con otras culturas. Cada una de estas cabezas son únicas, aunque todas comparten varios elementos en común. La característica de cada una de ellas es que sus rasgos son personales aunque todos mongoloides y negroides (ojos rasgados, nariz chata y labios gruesos), pero al mismo tiempo todas pertenecientes al mismo grupo étnico. Llevan tocados semejantes muy pegados a la cabeza y, además de presentar todas estrabismo, se supone que se trata de distintos miembros de una misma dinastía gobernante. Algunos estudiosos apuntan que la armonía, la proporción y el equilibrio de los rasgos de la cara pudieran ser el indicio en la busqueda de un ideal en la forma y en el concepto. De las 16 cabezas encontradas, 10 se localizaron en San Lorenzo, 4 en La Venta y 2 en Tres Zapotes. Además de éstas, una fue descubierta en la población de Cobata.

Si las grandes cabezas son las piezas esculturales más representativas, existe otro grupo temático, piezas de menor tamaño, que fue la que más influencia ejerció en otras regiones mesoamericanas, como sucedió en el Altiplano Central, donde se han encontrado un gran número de estas figurillas de influencia olmeca. La creación de estas figurillas con forma de niños se esculpía en basalto, obsidiana o cuarzo, y son conocidas como baby face. Además, hay que destacar la habilidad de los maestros ceramistas en la elaboración de figurillas de cerámica.

El realismo es el estilo o característica que con mayor frecuencia se encuentra en la escultura olmeca, tanto es así que muchas de sus piezas presentan un autentico dilema, desconcertante, cuando se comprueba que muchos de esos rasgos son identificativos con los europeos, con barba, y en otros casos de clara procedencia negroide.

La representación del reino animal se cataloga en dos grupos distintos, el primero tiene la importancia del jaguar y su humanización. Estas representaciones de figuras humanas con rasgos felinos destacan por sus ojos almendrados, la llamada boca olmeca con el labio superior vuelto hacia arriba y en ocasiones por grandes colmillos bifurcados en sus extremos. Otros animales también ocupan su protagonismo en la escultura olmeca, aunque sin la relevancia del jaguar, al que para los olmecas fue un animal totémico. Estas otras piezas animalistas representaban a monos, serpientes y aves, entre otros.

Además de estos temas representados escultóricamente, otros también tuvieron su importancia relevante, como altares, estelas, objetos pequeños y planos o las conocidas como hachas, de las que se creen tenían una función ritual. No cabe duda que las piedras, la escultura, fue el motivo de la expansión olmeca por todo el territorio mesoamericano. La búsqueda de piedras raras es lo que propició su influencia en otras regiones y que a la larga los convirtiera en la cultura madre de Mesoamérica. La prueba de este móvil expansionista la encontramos en la procedencia de cada uno de estos minerales en los que esculpieron sus señas de identidad.

Lo más llamativo de esta cultura es que ninguno de los materiales en los que son representadas sus figuras se hallan cercanos a los centros ceremoniales. El basalto pudo tener su procedencia en el área de Los Tuxtlas, así como las piedras de origen volcánico; los yacimientos de jadeíta y nefrita más cercanos se hallan en las montañas de Oaxaca o en la cuenca del río Balsas; el jade se extrae de las montañas metamórficas de Guerrero; la serpentina pudo ser del actual estado de Puebla; la magnetita de Oaxaca y la región sur del Istmo de Tehuantepec. Incluso hasta la arcilla de diferentes colores que utilizaron para la elaboración de sus cerámicas la tuvieron que extraer de otras regiones mesoamericanas. La escasez de estos materiales básicos en la región, el desplazamiento para conseguirlos y el esfuerzo sobrehumano para transportarlos, pone en evidencia el valor y la importancia que tenía la escultura para los olmecas.

Arquitectura

La falta de piedra en la región olmeca quizás fue el condicionante para que la arquitectura que desarrollaron fuera más bien pobre, del tipo monumental, en la que los edificios se construían en bases de materiales poco duraderos o perecederos, tales como el lodo, troncos de madera y paja o lajas superpuestas. Aún así, la arquitectura olmeca fue la que marcó la forma de los centros ceremoniales que fueron creando las diferentes culturas que se desarrollaron en Mesoamérica. Todo parece indicar que fue San Lorenzo-Tenochtitlan y más tarde La Venta, las que fijaron la línea a seguir en cuanto a la arquitectura religiosa.

Estos alineamientos arquitectónicos se tornaron básicos en la creación de los primeros centros ceremoniales que se construyeron a lo largo y ancho de todo el territorio mesoamericano, convirtiéndose hasta la llegada de los conquistadores españoles en el centro de las comunidades, que se expandían alrededor de estos puntos de referencia sociales, políticos y religiosos. Las ciudades sagradas se planificaban sobre el terreno como grandes espacios abiertos rodeados de plataformas y basamentos que se trazaban sobre dos ejes dirigidos a los puntos cardinales; piramidales, como en los edificios C1 y D1 de La Venta, o de planta rectangular. La plaza central se conformaba por las propias construcciones que se edificaban a su alrededor, combinándose con otras de menor altura, escaleras y empalizadas que se integraban con grandes columnas de basalto sobre el suelo. Esas mismas columnas monolíticas que se alzaban próximas entre sí, daban forma en el centro de las plazas a receptáculos sagrados totalmente cerrados que incluían un diseño abstracto y que imaginativamente se les han llevado a llamar grandes máscaras de jaguar, construidas por mosaicos de lajas de serpentina verde.

Es muy probable que existieran otros centros ceremoniales además de los que se han estudiado hasta la actualidad. San Lorenzo-Technotitlan, La Venta, Tres Zapotes y Cerro de las Mesas son los más conocidos, pero como apuntaba anteriormente, el tipo de materiales utilizados para sus construcciones no permitieron que llegaran hasta nuestros días de una manera más visible.

Un edificio típico se construía normalmente con postes de madera, paredes de carrizo repelladas con lodo, techos de palma y piso de tierra apisonada, con subestructura o sin ella. La construcción de los basamentos eran sencillos montículos de tierra compacta, a veces de arcilla y otras de arena de la propia zona; también se daban los casos en los que las subestructuras se recubrían de piedras.

La diferencia de pobladores o habitantes en estas ciudades religiosas olmecas respecto a otras mayas, desde unos pocos miles los primeros a cercanos a los 100.000 los segundos, como es el caso de algunas ciudades del Yucatán, deja a la imaginación el porqué los centros ceremoniales no son tan vistosos, tan llamativos e impresionantes como lo pueden ser los mayas. Lo que de arqueología nos deja la época olmeca son montículos de tierra cubiertos por hierbas, sin fachadas y tabiques de mampostería y casi con toda seguridad finalizados con cobertizos de troncos cubiertos de palma.

Las investigaciones continuadas nos van descubriendo nuevos datos respecto a los grandes centros olmecas desarrollados en La Venta, San Lorenzo y Laguna de los Cerros, y los centros menores tales como Tres Zapotes, de los que ya se saben que no eran meros sitios religiosos despoblados dedicados a las deidades, si no que en ellos existía vida dinámica, artesanos, campesinos, religiosos y dirigentes; incluyen tanto edificios públicos y religiosos como residencias de la élite y casas comunes. La mayoría de los 200 montículos que se encuentran en San Lorenzo, y se supone que aún quedan algunos por descubrir, son plataformas que sirvieron de base a las viviendas de la época. Sus elevaciones rara vez superan el metro de altura y por lo general de planta rectangular; con frecuencia observamos dos montículos en ángulo recto o tres delimitando un patio, lo que nos recuerda el paralelismo con la situación clásica maya.

La Venta, sus edificios, eran simples construcciones de barro recubiertas de piedras pulidas y tierras compactas coloreadas. Su elemento principal era una rara pirámide que dominaba un conjunto arquitectónico, orientado de norte a sur y limitado en el extremo opuesto por una pirámide escalonada. La construcción del edificio se hizo con barro, su diámetro es de 130 metros y su altura de 30. La forma en la que fue concebida se asemeja más a un cono truncado que a otra cosa, con diez depresiones simétricamente repartidas en sus diez lomos que se van alternando en sus costados. Esta forma tan especial para los arqueólogos tiene, según ellos, su inspiración en los abundantes conos erosionados que se encuentran en la región de Los Tuxtlas.

De los 10 complejos arquitectónicos, entre los que se han definido La Venta, el A es el grupo más pequeño y el considerado ceremonial del sitio. La combinación simétrica de plataformas bajas, escaleras y unas extrañas empalizadas formadas por grandes columnas verticales de basalto muy cercanas unas de otras, formaban plazas que cerraban las dos grandes masas principales.

El conjunto urbano que se localiza en Tres Zapotes se extiende por un espacio aproximado a los 3 kilómetros, a lo largo de la ribera del arroyo de Hueyapan. En este sitio arqueológico, considerado centro menor, son varios montículos los que se localizan formando varias plataformas sin el aspecto geométrico rectangular. Uno de ellos, el denominado C, tiene una relativa importancia por encima de los demás, no deja de ser una plataforma de tierra, sin embargo, el hecho de que su frente aparece recubierto con piedra cortada y con escalinatas de piedra plana, hace suponer que fue uno de los lugares donde se inició la técnica de la piedra, que resultó ser tan importante para las épocas posteriores en Mesoamérica.

El descubrimiento de Llano del Jícaro, una cantera de basalto olmeca, se lo debemos al arqueólogo Alfonso Medellín Zenil, en 1.960, quien también localizaría un taller en el mismo lugar. La cantera de Los Tuxtlas se encuentra a tan sólo 7 kilómetros del centro olmeca de Laguna de los Cerros. En 1.991 se fueron sumando datos en cuanto al proceso de manufacturas de monumento en el propio Llano del Jícaro, al encontrarse un gran altar sin terminar, lo que demostraría que los monumentos eran conformados en su forma básica en la misma cantera. Son muchos interrogantes los que se van aclarando, no obstante, aún quedan otros muchos por resolver, como el transporte de estas enormes piedras para altares y cabezas colosales desde Los Tuxtlas, a través de ríos y pantanos hasta San Lorenzo y La Venta.